¿EXISTEN LAS BUENAS Y LAS MALAS MADRES?

¿EXISTEN LAS BUENAS Y LAS MALAS MADRES?

Hay mujeres que aman profundamente a sus hijos y aun así les gritan…

Hay madres agotadas que sienten culpa por necesitar espacio…

Hay hijos que crecieron sintiéndose amados… y al mismo tiempo emocionalmente solos…

Entonces, ¿Qué hace realmente a una buena mamá?

Vivimos en una sociedad en dónde nos han enseñado que las mamás “deberían” cumplir con ciertos estándares, por ejemplo:

  • Que tenga paciencia infinita
  • Estar siempre disponible
  • Disfrutar cada etapa
  • Sacrificarse sin quejarse
  • Nunca enojarse
  • Priorizar a los demás antes que a ella.

Sin embargo, cumplir con estos estándares es algo irreal, ninguna persona podría cumplir con estas exigencias, pero debido a esto muchas mujeres se cuestionan su maternidad, incluso a pesar de cumplir con los cuidados y necesidades que sus hijos tienen, por lo que viven constantemente con culpa, autoexigencia, agotamiento y una sensación constante de insuficiencia.

Entonces… ¿Existen realmente las malas madres?

La respuesta no es tan simple, antes de llegar a una conclusión vamos a diferenciar algunas cosas que se suceden en la maternidad.

Lo primero es saber que no toda equivocación genera un daño profundo, que no toda frustración rompe un vínculo y que no toda mamá cansada es una madre negligente. Lo segundo es poner sobre la mesa que, si existen maternidades dañinas, ya que hay abandono emocional, violencia psicológica y física, manipulación, incapacidad de reparar, por mencionar algunas cosas.

Decir que una mamá es buena o mala es sólo mirar los extremos y dejar de lado realmente lo que pasa con una mujer cuando está maternando.

Aquí una clave importante es ver como responde una mamá ante ciertas circunstancias, no es hacerlo perfecto, sino tener la capacidad de reconocimiento ante las fallas, el poder de regular sus emociones, el que se responsabilice de sus acciones y sobre todo que tenga la habilidad reparar esas acciones.

Las madres también son personas.

Para hablar de las madres y sus formas de crianza, primero tenemos que aceptar que las mamás también son personas, mujeres que tienen una historia que las atraviesa, que al igual que muchas han sido víctimas de este sistema patriarcal, que ha ejercido violencia de muchas formas.

Los hijos no necesitan madres perfectas; necesitan madres emocionalmente disponibles la mayor parte del tiempo y capaces de reparar cuando se equivocan.

Las madres también tienen heridas de la infancia no resultas, viven duelos, depresión, agotamiento mental, muchas de ellas maternan en soledad, sin redes de apoyo, teniendo que ver constantemente la forma de sostener y criar a sus hijos, mientras intentan no derrumbarse con todo lo anterior, pero          además sumando que nadie nos enseña a ser mamás.

Y todo esto lo menciono no para justificar sus acciones, sino para entender sus contextos y circunstancias desde las que les ha tocado maternar.

A veces una madre no lastima por falta de amor, sino porque nunca aprendió otra forma de vincularse cuando está desbordada.

Cuando hablamos de todo esto es para reflexionar la forma en la que estamos maternando y desde donde lo estamos haciendo, si desde nuestras heridas, la exigencia, la perfección, el dolor, etc.    

¿Entonces qué tipo de mamá es la que necesita un niño?

Lo que realmente protege emocionalmente un niño no es una madre perfecta, sino una mamá que le brinde seguridad emocional, que acepte sus fallas y pueda repararlas, requieren una mamá que les valide emocionalmente y les acompañe sin juzgarlos, que tenga límites claros sin humillación, que tenga la capacidad de escucharlos, que esté presente afectivamente y sobre todo que sepa regularse ella misma.

Una buena madre no es la que nunca falla. Es la que puede reconocer el daño, reparar el vínculo y seguir construyendo un lugar seguro para sus hijos incluso en medio de su propia imperfección.

Pero… y ¿cómo se logra todo esto?

Espera nuestro siguiente blog y recuerda, Lex Pro Humanitas es el único despacho del país que incluye la atención psicológica a nuestras clientas y sus hijos en casos de juicios familiares.

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