Con millones de personas pendientes de cada partido, el Mundial de Fútbol 2026 se ha convertido en uno de los eventos más esperados del año. Durante 5 semanas, aficionados de todo el mundo celebran triunfos, sufren derrotas y experimentan una amplia gama de emociones que van desde la euforia hasta la frustración.
Pero más allá de los resultados y la pasión que despierta este torneo, el fútbol nos deja una reflexión interesante: ¿qué es lo que realmente hace que un equipo gane?
A simple vista, podría parecer que todo depende de la habilidad de una gran estrella. Sin embargo, la historia del fútbol nos ha demostrado una y otra vez que ningún jugador, por talentoso que sea, puede ganar un campeonato por sí solo. Los triunfos se construyen a partir de la coordinación, la comunicación, la confianza y la capacidad de trabajar hacia un objetivo común. En otras palabras, los equipos ganan cuando aprenden a jugar juntos.
Y es precisamente esta idea la que nos permite reflexionar sobre un tema fundamental en el ámbito familiar: ¿qué ocurre con el equipo cuando una pareja decide separarse?
Con frecuencia, cuando se habla de divorcio, muchas personas asumen que la familia deja de existir. Sin embargo, cuando hay hijos de por medio, la realidad suele ser distinta. El vínculo de pareja puede terminar, pero el vínculo familiar permanece. Lo que cambia no es la existencia de la familia, sino la forma en que esta se organiza y funciona.
El problema es que, en medio del dolor, el enojo o los conflictos propios de una separación, muchas veces los adultos dejan de actuar como compañeros de equipo. En ocasiones, cada uno intenta ganar el partido por su cuenta, demostrar que tiene la razón o convertirse en la figura principal de la historia. Sin embargo, cuando hablamos de crianza y bienestar infantil, el objetivo no debería ser derrotar al otro progenitor, sino proteger y favorecer el desarrollo de quienes verdaderamente ocupan el centro del campo: los hijos.
Y no solo en el fútbol, ningún equipo puede ganar únicamente por el talento de una sola persona, en las familias el bienestar de los hijos tampoco depende de un solo padre o una sola madre. Aunque la relación de pareja haya terminado, el desafío de seguir construyendo acuerdos, comunicarse de manera respetuosa y trabajar por un objetivo común continúa vigente. Al final, el verdadero triunfo no consiste en demostrar quién tiene la razón, sino en garantizar que niñas, niños y adolescentes puedan crecer en un entorno donde sus necesidades emocionales y sus derechos sean protegidos.
¿Tú qué opinas? ¿Crees que es posible seguir siendo un equipo después de una separación? Te invitamos a compartir tu experiencia o reflexión en los comentarios.
Y si actualmente estás atravesando un proceso de separación, divorcio, guarda y custodia o conflictos relacionados con la crianza de tus hijos, recuerda que no tienes que enfrentarlo solo. En Lex Pro Humanitas contamos con acompañamiento jurídico y psicológico especializado para ayudarte a construir soluciones que prioricen el bienestar familiar y el interés superior de niñas, niños y adolescentes.
Elaboró. Psic. Verónica Galindo y Lic.: Angel Tapia


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